Cada año, el primer día de campamento, me pregunto por qué me meto en estos líos… Cada año me asaltan las mismas dudas: ¿seremos capaces de hacer una película? ¿Tendrá un mínimo de sentido? Y lo más importante: ¿podremos hacerlo sin que los niños parezcan condenados a galeras o un gulag?

El planteamiento de MenudaPeli es bastante suicida: reunir a niños de edades muy distintas, que no se conocen entre sí y sin la menor idea de cine y conseguir que, en nueve días, ideen, escriban, rueden y monten un cortometraje, para mostrárselo a sus familias en el último día de campamento. Parece una especie de relato del Génesis, pero sin ayuda divina. Solo entusiasmo infantil, un arma poderosa… aunque difícil de manejar.

No es un campamento al uso, donde los niños encuentran juegos y diversión sin límites. Nosotros les proponemos un reto bastante complejo y, para lograrlo, tienen que trabajar, estar concentrados, negociar, solucionar tensiones, guardar silencio…. En fin, ¡esas cosas que los niños les gusta tanto hacer!

Imaginación al poder

Maquillaje zombie con base de Cola Cao, una bruja bipolar y unos cientificos locos...

Cualquiera que haya estado en un rodaje sabe de lo que hablo. Hay mil cosas que pueden fallar… y fallan. Pero en los campamentos de MenudaPeli no tenemos para corregir. Si el martes llueve, la escena se rueda con lluvia, porque no hay más días; si el actor se le olvida de traer la ropa, se rueda con otro vestuario. Y si el audio no sale porque hay un jardinero soplando hojas con un cacharro infernal, pues se subtitula. Aquí no hay segundas tomas, ni ensayos. El viernes vienen los padres y los abuelos y hay que tener una pelicula, unas tomas falsas y unos títulos de crédito. Y, ¿sabéis qué? Al final, siempre sale.

De verdad que no sé cómo, pero sale. Y además, ¡disfrutan! Los niños llegan todas las mañanas deseando ponerse un potingue hecho con cola, harina y Cola-Cao que con el calor pica y duele al despegarlo como una tirita. Llegan deseando rodar, a pesar del calor espantoso, de que hay que repetir, a pesar de que aquel día le toque el protagonismo a otro. Y llegan llenos de ilusión y de ganas de contar su historia y de participar.

A mí todo eso me sigue alucinando a pesar de los años. Hay algo profundamente reconfortante en rodar de esta manera, a lo salvaje, rodar por rodar, sin la presión de los adultos, por el mero placer de contar una historia. Si nuestros efectos especiales son de risa, nos da igual. ¿Sirven para contar la historia? Pues ya está, siguiente toma…

Un año más, lo hemos conseguido: un cortometraje  de 20 minutos hecho por niños en dos semanas…

Aún no sé cómo lo hacen.

Enhorabuena a todos. Aquí os dejo su obra